Nicanor Parra, Cervantes 2011





«Chistes parra desorientar a la policía poesía.»


DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS


Me declaro católico ferviente
no comulgo con ruedas de carreta

me declaro discípulo de Marx
eso sí que me niego a arrodillarme

capitalista soy de nacimiento
loco por las perdices escabechadas

me declaro discípulo de Hitler
eso sí que rechazo las imitaciones

soy un agente clandestino soviético
no me confundan eso no con el Kremlim

en resumidas cuentas me declaro fanático total
eso sí que no me identifico con nada

la palabra Dios es una interjección
da lo mismo que exista o que no exista.

De 'Hojas de Parra' (1985)

Poe, de Leopoldo Mª Panero



«Este rostro es mi rostro.»
Edgar A. Poe

Como rosa mordida por los dientes, rosa del miedo
rosa del silencio en la tumba
único lugar sagrado
cabellera de Ligeia, dientes de Berenice
esposa de un muerto
fiel a un muerto tú eres, poema
que sollozas contra la vida
rosa del miedo, cabellera para despedazar las sombras
dientes de Berenice.

del poemario "¿Quién soy yo?"

Entrada dedicada a mi colega Art Warriors.

75 años sin Lorca



Mamá.
Yo quiero ser de plata.
Hijo,
tendrás mucho frío.

Mamá.
Yo quiero ser de agua.
Hijo,
tendrás mucho frío.

Mamá.
Bórdame en tu almohada.
¡Eso sí!
¡Ahora mismo!
Canción tonta, de Federico García Lorca

Para mí este poema es muy especial, recuerdo que con siete años lo leía casi todas las noches. Hace un tiempo, encontré ese libro perdido en una caja, el mismo que leía cuando era pequeño, del interior se deslizó un trozo de cartulina verde en el que mi hermana mayor me había dedicado una nota preciosa, alentándome a que siguiera leyendo poetas andaluces, que nuestra tierra está cargada de buenos escritores.

Asesinaciones, de Julio Huasi



Tu frío es más antiguo que los pobres
y tus vientos, darling, penetran por mis tajos,
me terminan de esparcir por tu nochumbre
blue cual un largo asesinato sin aullidos, muy love.

Huyo de tus bayonetas goteantes, ranger mía,
me arrastro por el túnel de mis huesos
que ya no tienen sitio para mí, yo que
les di de comer, preciosa, antes del holocausto.

Tiritan las uñas, las torres y las calaveras
resuenan sus dentaduras resecas
que dios olvidó desconectar, salgamos
a bailar, baby, es nuestra pieza preferida.

Y están vacíos tus bares y colmadas tus plazas, dolly,
humanerías carneadas flamean en tus faroles
una luz rosada sobre tu rocío que cae en
panes tibios, fragantes aún a harina de cadáveres.

My sweet, déme un beso reina, mejilla a mejilla
sigamos el swing, la música suave de los tanques
que laminan a tus niños prófugos contra el dulce asfalto,
dancemos al compás de los disparos, cariño, y las
sirenas sicodélicas de tu Cacería Strip,
de pie, muertitos, es el himno nacional.

Piedad, piedad, por qué me has abandonado.

Dato biográfico, de Ángel González


Cuando estoy en Madrid,
las cucarachas de mi casa
protestan porque leo por las noches.
La luz no las anima a salir de sus escondrijos,
y pierden de ese modo la oportunidad
de pasearse por mi dormitorio,
lugar hacia el que, por oscuras razones,
se sienten irresistiblemente atraídas.
Ahora hablan de presentar un escrito
de queja al presidente de la República,
y yo me pregunto:
¿en qué país se creerán que viven?
Estas cucarachas no leen los periódicos.

Lo que a ellas les gusta
es que yo me emborrache
y baile tangos hasta la madrugada,
para así practicar sin riesgo alguno
su merodeo incesante y sin sentido,
a ciegas por las anchas baldosas de mi alcoba.
A veces las complazco,
no porque tenga en cuenta sus deseos,
sino porque me siento irresistiblemente
atraído por oscuras razones,
hacia ciertos lugares muy mal iluminados
en los que me demoro sin plan preconcebido
hasta que el sol naciente anuncia un nuevo día.

Ya de regreso en casa,
cuando me cruzo por el pasillo
con sus pequeños cuerpos que se evaden
con torpeza y con miedo
hacia las grietas sombrías donde moran,
les deseo buenas noches a destiempo
—pero de corazón, sinceramente—
reconociendo en mí su incertidumbre,
su inoportunidad, su fotofobia,
y otras muchas tendencias y actitudes
que —lamento decirlo—,
hablan poco en favor de esos ortópteros.


¡Arriba!